martes, 25 de enero de 2011

Cuento

Ella volteo a la izquierda como si de un tic se tratase. Simplemente no podía dejar de mirarlo. Era esa cornucopia de sensaciones regresando a su cuerpo, invadiendo su mente y descolocando su pulso, era un recuerdo que parecía de otra vida. Había pasado tanto tiempo que se sentía como un dinosaurio caminando en tierras anacrónicas, como si no perteneciese a ese mundo o ese mundo no encajase con ella, igual daba cual fuese el caso, probablemente el no la reconocería.
Es en días como esos en que comienza a extrañar tiempos más simples como ir a la escuela, complicarse con banalidades, esperar esas llamadas telefónicas que estrechan los lazos de amistad y los encuentros furtivos de esos amores adolescentes que la hacían perder el sueño. Hoy todo se remece y queda de cabeza. La línea por la que uno camina se vuelve difusa. Se siente como una conductora a la que obligan a bajar del carro para caminar por la calle frente a un policía y demostrar que no está ebria. ¿Qué podía hacer cuando la luz intrínseca de unos ojos conocidos se pierde entre sombras inciertas? ¿Era necesario hablar o sólo obviar como de costumbre?
Le clavo la mirada nuevamente, maldiciendo no poder mantener su autocontrol, imágenes fugaces de su infancia se agolparon en su pecho hasta hacer estallar una sonrisa inesperada, con ligera indecisión, se acerco a él, el silencio de la sala le ayuda a concentrarse pero es el ruido de su pecho el que se vuelve insoportable, frente a sus ojos aparece la memoria de su partida, aquella vez en que subió a un autobús con su maleta sin echar la vista atrás, ella se paraliza a escasos metros del muchacho.
Es de noche, estado inmune al sol y a los atardeceres de colores, una de aquellas noches en donde la luna es amordazada por las nubes y no puede hablar de amor ni de esperanza. Menea la cabeza un par de veces, cierra los ojos y da la media vuelta para regresar a la realidad de la que el ya no formaba parte. De nada le servía anclarse a los sueños de algún “hubiera”, cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Amnesia

Tenia mucho que no escribia, tal vez era por el sobrecogimiento del recuerdo o simplemente necesitaba volver a sentir este dolor. No se que me trajo aqui ni que me llevara de vuelta, de hecho creo que ya no me acongoja tu recuerdo.

Ahora mi unica angustia es que sera de mi, puesto que nunca me habia percatado del todo de que soy una persona, siempre me habia preocupado por lo que podia hacer con los demas pero nunca habia puesto la suficiente atencion a este insustancial vacio, quizas es otra de esas ocasiones en que pienso que te he dejado atras sin creerlo realmnete, pero esta vez pongo toda mi fe en que sea verdad.

Por que aun sin ti, creo que puedo convivir conmigo misma... aunque necesite mucha practica para lograrlo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

viernes, 30 de julio de 2010

Edad

A veces quisiera regresar el tiempo hacia aquellas épocas en que era mas afortunada, recuperar los buenos años por que definitivamente este no es mi mejor momento; pero cuando miro en retrospectiva descubro que esta clase de situaciones son las que crean la madurez que siempre he menospreciado tanto.

Se que si pudiera regresar el tiempo cometería los mismos errores de los que ahora me arrepiento, por que por mas que me cueste admitirlo, crecer te da claridad.

Hoy se que la responsabilidad esta presente en cada palabra que pronuncias, que realmente valoras tu educación por mas que te quejes al forjaría, que es muy importante cuidar el lenguaje para no tergiversar tus ideas expresandolas incorrectamente, que por nimio que sea siempre serás un ejemplo para alguien y debes procurar esforzarte por ser uno bueno, que amar se usa de manera banal mas veces de las que deberia y que por mas conflictos que eso cause lo hacen por que realmente lo sienten así aunque sea obvia la falsedad de la afirmación, que son pocos los buenos amigos y efímera su compañía, que las cosas parecen mas fáciles cuando no las haz intentado, que el dinero se gasta mejor cuando te lo haz ganado, que por mas que intentes ser niño no podrás evitar la adultez... Y que la ausencia de una letra tan simple como la eñe puede dificultarte muchísimo decir lo que piensas.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Resaca

No quiero saber, con exactitud, que pasara mañana. Generalmente mi cabeza me dicta una rutina a seguir, especialmente para como estan las cosas. Se que mañana sera diferente. Quiero creerlo.

El mundo esta girando al otro lado.

No por ti, no por mi, por si mismo. Por que pensar en ti duele, arde, quema, y Dios sabe que no merezco el sufrimiento, incluso karmicamente he pagado mis deudas.

Si saber que vives, que hueles, que sabes, que estas, por mas que quieras alejarte, por mas que quiera olvidarte. No podre.

Lo he comprobado, lo he vivido y lo he sentido.

Ojala te desvanezcas en la memoria. Pero se que no es verdad.

Te veo.

Y aun asi, se que no volveras.

A veces, en ocasiones efimeras como esta, me pregunto como ves, piensas y sientes, quizas es por que estoy cansada de esta piel y del dolor que la aqueja, tal vez es una mera curiosidad de estar en tus zapatos, en tu cuerpo, en tu pensamiento (como nunca he realmente podido estar), o podria ser tambien el simple deseo de cambiar el fatigado recipiente de mi sentir.

Y vuelves a doler, cada vez mas profundo.

Me acostumbrare... algun dia.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Occiso

La oscuridad cubre todo en su margen de visión. “Es la noche más negra del año”, escucho decir a un hombre algunas calles atrás, en realidad no le importa. Se deshace de su cigarro lanzando la colilla a cualquier lugar, no puede pensar en otra cosa.

Lo maté, lo maté, lo maté, lo maté, lo maté.

Lo repite como un mantra, aun sin mover los labios se le escucha con inmensa claridad. La avenida vacía abruma con su silencio y aun así el hombre voltea en todas direcciones, esperando la emboscada de un castigo divino que parece no llegar. Tal vez Dios tenía cosas más importantes que hacer.

Es alto, lo suficiente como para no pasar desapercibido. Maldición. Se restriega las manos contra la ropa compulsivamente y el tic en su ojo se agudiza por el ruido sordo que genera la fricción, sin embargo el calor de sus pantalones reconforta sus congeladas manos.



Eso no tenía que haber pasado.

El no debía haber escondido el cadáver en la alacena, probablemente el olor alertaría a los vecinos en algunos días. Ojala hubiera quemado los restos o tirarlos al rio, cualquier cosa que dejara menos evidencia que alguien pudriéndose junto con su despensa del mes.

Su respiración se descompasó y la aceleración de su ritmo cardiaco hizo que comenzara a jadear sonoramente. No, eso definitivamente no le gustaba. Se calmo tras centenas de segundos de esfuerzo. No pudo más que recargarse en la pared más cercana y dejarse caer. Se seca el sudor con sus manos tembleques al tiempo que identifica la fuga de lágrimas inconscientes. ¿Qué rayos estaba pasándole?

Revuelve su cabello de manera nerviosa, sabe que necesita pensar en una solución pero no puede más que rememorar una y otra vez lo que pasó.

El no debía haberlo arrastrado por la escalera, probablemente había dejado un rastro de sangre y ni siquiera se molesto en cubrirlo. Ojala hubiera ocultado el crimen en el segundo piso, así al menos existiría menos evidencia para inculparlo.

Se golpea la frente por la mano. No puede creer que sea tan tonto. Bueno, nunca pensó convertirse en un asesino, se justificó mentalmente, no estaba en su predisposición genética. Todo había sido una serie de eventos desagradables que desencadenaron el acto más atroz de la función, y la obra estaba detenida en ese momento, en la orilla de una lóbrega carretera con un protagonista rendido.

Decide dejar de huir, cuatro días errantes eran muchos para un sedentario como él. La captura es el único horizonte que ve plausible.

El no debía haber llegado al apartamento días atrás. Ojala hubiera ido a alguna fiesta o a visitar a un pariente, cualquier cosa que lo mantuviera alejado de ese sitio.

No quiere cerrar los ojos, sabe que cuando lo intenta todo se repite en su cabeza, como una retorcida película que desea no ver más. Pero es tarde, sabe que en cualquier momento lo carcomerá aun con los ojos abiertos.

No, no quiere pensar más en eso.

No, no fue su intención.

No, no quiere ir a la cárcel.

No, no es un asesino.

No, no se siente bien con lo que hizo.

No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no.

Si.

Él lo mató. El es un asesino.

Con las manos se toma la cabeza. La tensión lo corroe, lo enloquece, no puede más con ella. Llora, solloza, se agita, grita. Ha perdido el dominio de sí. Se mece bruscamente, hacia adelante y hacia atrás, cada vez con más fuerza y velocidad. Su cráneo golpea con la pared de manera constante, ya no es consciente del dolor. Tibia sangre humedece sus dedos, el no puede detenerse. Se rompen los tejidos, la carne, los huesos, el vaho de su aliento disminuye con cada respiración.

Los perros callejeros comienzan a ladrarle, las luces del edificio de departamentos se encienden, los automovilistas noctámbulos se detienen a ver. Entonces el ruido se detiene.



Occiso: Del Latín occisus, de occidere, matar. Adjetivo. En términos jurídicos, MUERTO POR ASESINATO u homicidio.