viernes, 30 de julio de 2010

Edad

A veces quisiera regresar el tiempo hacia aquellas épocas en que era mas afortunada, recuperar los buenos años por que definitivamente este no es mi mejor momento; pero cuando miro en retrospectiva descubro que esta clase de situaciones son las que crean la madurez que siempre he menospreciado tanto.

Se que si pudiera regresar el tiempo cometería los mismos errores de los que ahora me arrepiento, por que por mas que me cueste admitirlo, crecer te da claridad.

Hoy se que la responsabilidad esta presente en cada palabra que pronuncias, que realmente valoras tu educación por mas que te quejes al forjaría, que es muy importante cuidar el lenguaje para no tergiversar tus ideas expresandolas incorrectamente, que por nimio que sea siempre serás un ejemplo para alguien y debes procurar esforzarte por ser uno bueno, que amar se usa de manera banal mas veces de las que deberia y que por mas conflictos que eso cause lo hacen por que realmente lo sienten así aunque sea obvia la falsedad de la afirmación, que son pocos los buenos amigos y efímera su compañía, que las cosas parecen mas fáciles cuando no las haz intentado, que el dinero se gasta mejor cuando te lo haz ganado, que por mas que intentes ser niño no podrás evitar la adultez... Y que la ausencia de una letra tan simple como la eñe puede dificultarte muchísimo decir lo que piensas.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Resaca

No quiero saber, con exactitud, que pasara mañana. Generalmente mi cabeza me dicta una rutina a seguir, especialmente para como estan las cosas. Se que mañana sera diferente. Quiero creerlo.

El mundo esta girando al otro lado.

No por ti, no por mi, por si mismo. Por que pensar en ti duele, arde, quema, y Dios sabe que no merezco el sufrimiento, incluso karmicamente he pagado mis deudas.

Si saber que vives, que hueles, que sabes, que estas, por mas que quieras alejarte, por mas que quiera olvidarte. No podre.

Lo he comprobado, lo he vivido y lo he sentido.

Ojala te desvanezcas en la memoria. Pero se que no es verdad.

Te veo.

Y aun asi, se que no volveras.

A veces, en ocasiones efimeras como esta, me pregunto como ves, piensas y sientes, quizas es por que estoy cansada de esta piel y del dolor que la aqueja, tal vez es una mera curiosidad de estar en tus zapatos, en tu cuerpo, en tu pensamiento (como nunca he realmente podido estar), o podria ser tambien el simple deseo de cambiar el fatigado recipiente de mi sentir.

Y vuelves a doler, cada vez mas profundo.

Me acostumbrare... algun dia.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Occiso

La oscuridad cubre todo en su margen de visión. “Es la noche más negra del año”, escucho decir a un hombre algunas calles atrás, en realidad no le importa. Se deshace de su cigarro lanzando la colilla a cualquier lugar, no puede pensar en otra cosa.

Lo maté, lo maté, lo maté, lo maté, lo maté.

Lo repite como un mantra, aun sin mover los labios se le escucha con inmensa claridad. La avenida vacía abruma con su silencio y aun así el hombre voltea en todas direcciones, esperando la emboscada de un castigo divino que parece no llegar. Tal vez Dios tenía cosas más importantes que hacer.

Es alto, lo suficiente como para no pasar desapercibido. Maldición. Se restriega las manos contra la ropa compulsivamente y el tic en su ojo se agudiza por el ruido sordo que genera la fricción, sin embargo el calor de sus pantalones reconforta sus congeladas manos.



Eso no tenía que haber pasado.

El no debía haber escondido el cadáver en la alacena, probablemente el olor alertaría a los vecinos en algunos días. Ojala hubiera quemado los restos o tirarlos al rio, cualquier cosa que dejara menos evidencia que alguien pudriéndose junto con su despensa del mes.

Su respiración se descompasó y la aceleración de su ritmo cardiaco hizo que comenzara a jadear sonoramente. No, eso definitivamente no le gustaba. Se calmo tras centenas de segundos de esfuerzo. No pudo más que recargarse en la pared más cercana y dejarse caer. Se seca el sudor con sus manos tembleques al tiempo que identifica la fuga de lágrimas inconscientes. ¿Qué rayos estaba pasándole?

Revuelve su cabello de manera nerviosa, sabe que necesita pensar en una solución pero no puede más que rememorar una y otra vez lo que pasó.

El no debía haberlo arrastrado por la escalera, probablemente había dejado un rastro de sangre y ni siquiera se molesto en cubrirlo. Ojala hubiera ocultado el crimen en el segundo piso, así al menos existiría menos evidencia para inculparlo.

Se golpea la frente por la mano. No puede creer que sea tan tonto. Bueno, nunca pensó convertirse en un asesino, se justificó mentalmente, no estaba en su predisposición genética. Todo había sido una serie de eventos desagradables que desencadenaron el acto más atroz de la función, y la obra estaba detenida en ese momento, en la orilla de una lóbrega carretera con un protagonista rendido.

Decide dejar de huir, cuatro días errantes eran muchos para un sedentario como él. La captura es el único horizonte que ve plausible.

El no debía haber llegado al apartamento días atrás. Ojala hubiera ido a alguna fiesta o a visitar a un pariente, cualquier cosa que lo mantuviera alejado de ese sitio.

No quiere cerrar los ojos, sabe que cuando lo intenta todo se repite en su cabeza, como una retorcida película que desea no ver más. Pero es tarde, sabe que en cualquier momento lo carcomerá aun con los ojos abiertos.

No, no quiere pensar más en eso.

No, no fue su intención.

No, no quiere ir a la cárcel.

No, no es un asesino.

No, no se siente bien con lo que hizo.

No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no.

Si.

Él lo mató. El es un asesino.

Con las manos se toma la cabeza. La tensión lo corroe, lo enloquece, no puede más con ella. Llora, solloza, se agita, grita. Ha perdido el dominio de sí. Se mece bruscamente, hacia adelante y hacia atrás, cada vez con más fuerza y velocidad. Su cráneo golpea con la pared de manera constante, ya no es consciente del dolor. Tibia sangre humedece sus dedos, el no puede detenerse. Se rompen los tejidos, la carne, los huesos, el vaho de su aliento disminuye con cada respiración.

Los perros callejeros comienzan a ladrarle, las luces del edificio de departamentos se encienden, los automovilistas noctámbulos se detienen a ver. Entonces el ruido se detiene.



Occiso: Del Latín occisus, de occidere, matar. Adjetivo. En términos jurídicos, MUERTO POR ASESINATO u homicidio.

lunes, 9 de noviembre de 2009

"Ave-Gas" o "Historia de un Confuciusornis"



Confuciusornis, por F. Spindler


Un sonoro “crack” lleno el vacio, desde su oscuridad el cascaron primigenio se fracturaba en cientos de trozos que integraban un conjunto tan amorfo como su contenido, el ave de gas asomo su inestable estructura y dio su primer paso en ese suelo transparente. Leves murmullos sofocaban el viento cual canticos ininteligibles de ángeles, y, a pesar de que la enceguecedora luz que llenaba todo había logrado desorientarlo en un principio, continuo con su camino.

Avanzo lentamente, sin rumbo, entre precipicios infinitos y una extraña cornucopia de sensaciones que se balanceaban en el ambiente como si de hojas cayendo en otoño se tratase, y, al igual que aquel referente vegetal, se desvanecían con un crujido al apenas acercarse. Se asomo por los rincones más recónditos, olfateo, saboreo, vio y toco con su inexistente anatomía, y, aun así, no lograba entender cómo es que había llegado a nacer en ese refulgente e incomprensible lugar.

Repentinamente uno de sus enlaces atómicos vacilo en su andar y, por cuestiones del azar, se vio obligado a enfocar su vista en uno de los tantos abismos que componían la superficie del extraño mundo. Un monocromático negro ocupaba cada rincón del barranco, sin embargo era relegado a un segundo termino por las formas multicolores superpuestas al despeñadero, todas ajustadas a inexplicables parámetros perfectamente geométricos. Entre los monótonos susurros alcanzo a distinguir una palabra que escucho mas no logro comprender: Oneiros.

Siempre adjuntas a un innegable y exhaustivo calculo matemático, en aquella realidad, aquellas figuras eran nada más y nada menos que los sueños, vagabundos e imperecederos hijos de Nix, trasladados a un plano geométrico por su propia banalidad y conformismo. Una casa, una familia, salud y felicidad, todos siempre cuadrados a los ojos de los habitantes de aquella extraña tierra, siempre tan simples, siempre tan completos, y sin embargo posicionados eternamente en un punto ciego de la percepción, siendo así que los poseedores de aquellas ilusiones nunca se encontrarían satisfechos en el banquete que la vida les ofrecía. Y al igual que aquellos seres, el ave gaseosa decidió no gastar su tiempo en lo que le parecieron trivialidades.

Todo era tan brillante, tan infinito, tan complejo para sus ramificaciones cerebrales que se asusto, mas no supo a donde correr por que cada centímetro parecía ser exactamente igual al anterior, o al menos el ejemplo del siguiente. Volvió sobre sus pasos, rememoro cada movimiento, contuvo el aliento y por más esfuerzos que hizo no tuvo otra opción que aceptarse como extraviado. Así viajo durante lapsos interminables, minutos sin segundos que prefirió no medir dentro de la profundidad de sus lamentaciones, vago sin rumbo en aquel espacio desconocido, sin vida, sin identidad, sin mente y sin cuerpo, tan solo cobijado por el sutil anhelo de volver a su cálido y seguro cascaron, donde nadie le haría nada, donde era el Rey del mundo, donde no era necesario aprender por qué no había nada que saber. Solo quería regresar a su sueño geométrico: Un esférico huevo que le ofrecía la felicidad que él creía necesitar.

martes, 1 de septiembre de 2009

Oropel

Tenia mucho tiempo que no escribia nada, incluso en mi casa habian empezado a preguntar por los poemas o las historias que a veces salen de mi mente retorcida, pero yo solo podia admitir la verdad: Estaba en blanco.

No se por que, supongo que ha sido una de esas temporadas esteriles en el animo de un autor, no tengo ni siquiera una idea cercana de por que sucede esto, simplemente habia perdido el hilo de la no-cordura.

Tampoco puedo atribuirle una causa a por que de repente volvio la inspiracion, fue solo un instante como el aire que se va al exhalar, sin embargo fue un oasis despues de un periodo de creacion tan desertico. No digo que sea bueno, ni malo, simplemente surgio, y espero que llegue otro momento parecido por que ya tiene meses que no actualizo mi fic.

Bueno, ya sin mas trivialidades dejo el pequeño y escueto fragmento que logre escribir en una de esas siempre persistentes noches de insomnio:


Ya no quiero ser el juego de tu insomnio,
No deseo ser muñeca de tu afán,
De las ruinas de tus besos, solo escombros,
Y las sombras de los sueños que se van.

Y el licor que florece mortecino,
¿Es maná, lo que bebo de tus labios?
Son mentiras, son engaños, vil castigo,
Los anhelos en altares funerarios.

Me conformo con tus frases de rutina,
Ya bien sabes que nada puedo negarte,
Tú conservas mi dolor en la vitrina,
Y me atas para no dejar de amarte.

¿Qué más quieres, si ya todo lo he perdido?
No me queda nada más para entregarte,
Yo te he dado más de lo que me haz pedido,
¿Puedo, ahora, de una vez, ya no pensarte?

sábado, 22 de agosto de 2009

Repentinos antídotos para la pertinaz melancolía

Siempre he pensad que los clichés machistas no son para mí. Por más que me lo digan en la casa, por más que la TV se empeñe en echármelo en cara. No me los creo.

No tejo, no lavo, no plancho, ni cocino. Aunque mi Abue insista en que lo haga.

Yo solo... pienso. Probablemente gasto demasiado tiempo en divagaciones insulsas, pero mi cabeza no me obedece. No sé si hay un centro en mis pensamientos o es solo uno muy recurrente, ese ideal nostálgico que a todos nos acongoja alguna vez.

Esta semana me ha visitado con más fuerza que nunca. Quizás tenga que ver con lo que paso el lunes, tal vez sea la época del año o solo el sutil recuerdo de lo que pudo ser. No sé, y tampoco tratare de ahondar en el tema.

El caso es que la melancolía suele generarme dosis de insomnio mayores a las habituales, y hay momentos en que ya no se qué hacer con mis noches en vela. Ejemplo a dar el de hoy, que estuve utilizando la computadora hasta que mi modem se puso indispuesto.

Generalmente utilizo mis noches para leer, pero tiene algunos días que parece que todos los libros de la casa han pasado por mis manos, y no tengo dinero para comprar más.

Decidí acostarme, aproximadamente a las dos de la mañana (ya que carecía de internet), cuando de repente escuche un ruido cerca del librero, temiendo la presencia de un ratón, hurgue entre mis cosas en busca de un arma, pero al no encontrar una, la curiosidad me pudo más. Solo era un libro que me llamaba, pensé, y lo saque de entre los rincones del segundo estante, entre las enciclopedias y un rompecabezas de Harry Potter que compre hace mucho tiempo.

No sabía que existía, no tenía idea de tener ese libro ni mucho menos de por qué estaba aquí, simplemente lo tome y empecé a leerlo.

"Tratado de culinaria para mujeres tristes", a pesar del nombre, no se limita a la cocina pero si cumple con su función. Con un estilo intrincado para un "libro gastronómico", logra atraer la atención y, de alguna extraña manera, alegrar al lector aunque sea de un modo mínimo, de no ser así al menos da espacio a cierto grado reflexivo a partir de un punto inesperado... o quizás mas que esperado. Citare a continuación algunos de los muchos textos cortos que este tomo escrito por Héctor Abad Faciolince contiene:

En las tardes de lluvia menuda y persistente, si el amado está lejos y agobia el peso invisible de su ausencia, cortaras de tu huerto veintiocho hojas nuevas de hierba toronjil y las pondrás al fuego en un litro de agua para hacer infusión. En cuanto hierva el agua deja que el vapor moje las yemas de tus dedos y gírala tres veces con cuchara de palo. Bájala del fuego y déjala que repose dos minutos. No le pongas azúcar, bébela sorbo a sorbo de espaladas a la tarde en una taza blanca. Si al promediar el litro no notas cierto alivio detrás del esternón, caliéntala de nuevo y échale dos cucharadas de panela rallada. Si al terminar la tarde el agobio persiste, puedes estar segura de que el no volverá. O volverá otra tarde y muy cambiado ya.


La única noche, dijo alguien, es la del desvelo, la noche pasada en blanco. No se guarda memoria de las noches dormidas. Así el amor: el más inolvidable es el que nunca fue.
Como para el insomnio, también para el olvido hay jarabes y menjurjes. Pero ambos son remedios sin discernimiento. Los unos te dormirán tanto (sin sueños y sin sueño), que será como morir. Con los otros no olvidaras, si los tomas, lo que quieres olvidar: lo olvidaras todo, augusto o disgustoso que haya sido.
No te revelo, pues, mis brebajes para el sueño y el olvido. Poseen el mismo efecto que tiene la cicuta.




Esa tendencia a traicionar, a mentir y a ser perfectamente franca. A esconderte o a mostrarte mucho. Ese cuidado de cuidarte tanto para acabar narrando tu historia, tu verdad con pelos y señales a un desconocido. Esas ganas de huir, de salir corriendo cuando alguien muestra que empieza a conocerte, aunque no te reveles. Ese vértigo de quedarte. Esa indomable sed de alguien y de no estar con nadie. Esas ganas de cambiar sin renunciar a nada. Esa hambre de imposibles. ¿Cómo pensar en esta confusión contradictoria? Es verdad y mentira, está bien y está mal y no hay salida.
Nada que hacer. Tomate un vaso de agua.


Suenan a remedios de la abuelita pero son mucho más sencillos que eso. En algunos casos son incluso un tanto sintéticos, lo que les da versatilidad y ligereza. Realmente me gusto y no lo creía posible. Aun sin la dosis narrativa que tiene "Como agua para chocolate" es un tomo atractivo y de fácil lectura para cualquier interesado, sin limitarse únicamente al publico establecido en el titulo. Con su permiso, regreso a mi cama a terminar de leerlo.